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El acceso universal a las vacunas es esencial para la prevención y la contención de COVID-19 en todo el mundo

Por LUCÍA JIMÉNEZ LÓPEZ

Está claro que estamos ante algo nuevo y desconocido, un nuevo virus, nuevas patologías, nuevos síntomas y sobre todo nuevos retos: el COVID-19 ha agravado las deficiencias institucionales preexistentes en los sistemas de salud, alimentación y adquisición, y ha puesto de manifiesto, la falta de acceso a una atención de salud de calidad, accesible y asequible para todos. Este informe trata de hacer ver que una pandemia mundial de esta escala y costo humano, requiere una respuesta concertada la cual debe basarse en los principios fundamentales de solidaridad, cooperación y asistencia internacionales.

Como ha subrayado el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,»[…] La lucha contra las pandemias requiere un compromiso más firme de los Estados con la cooperación científica internacional, ya que las soluciones nacionales son insuficientes. […]el intercambio de los mejores conocimientos científicos y sus aplicaciones, especialmente en el campo de la medicina, resulta crucial para mitigar el impacto de la enfermedad y para acelerar el descubrimiento de tratamientos y vacunas eficaces».

Así, surgió de la mano del Director General de la OMS, el COVAX, un mecanismo destinado a garantizar el acceso equitativo de todos los países, ricos o pobres, a una inmunización eficaz. Si los Estados no se coordinan a nivel mundial, existe un alto riesgo de que la competencia mundial aumente los precios de los suministros médicos y de una posible vacuna que, a su vez, afectará a todos los países. Esto será especialmente perjudicial para los diversos países en desarrollo que ya se enfrentan a una elevada deuda y a crisis financieras.

La cooperación y la asistencia internacionales entre los países desarrollados y los países en desarrollo son cruciales para asegurar que todas las tecnologías sanitarias pertinentes, los datos de propiedad intelectual y los conocimientos técnicos sobre las vacunas y el tratamiento de COVID-19 se compartan como un bien público mundial. Además, la solidez económica dicta que todos los países se beneficiarán de una acción mundial que podría proporcionar vacunas para todos a precios asequibles.

Lamentablemente, la historia se repite, mismo egoísmo, diferente crisis, “el nacionalismo del suministro y la vacuna” con el que algunos gobiernos se han comprometido a asegurar vacunas sólo para sus ciudadanos, parece que se han olvidado de que las políticas sanitarias y las adquisiciones aisladas están en contradicción con las normas internacionales de derechos humanos.

No se puede dar prioridad a la industria y a los beneficios privados sobre los derechos a la vida y a la salud de miles de millones de personas. Las empresas farmacéuticas y otras empresas involucradas en este esfuerzo deberían unirse a los esfuerzos colectivos y globales para contener eficazmente COVID-19.

En algunos casos, la financiación pública ha contribuido en gran medida al desarrollo de vacunas. Si bien el apoyo de los Estados para ayudar a las empresas es importante, parece justo que, a cambio, las empresas acepten que tienen la responsabilidad de apoyar el derecho a la salud.  Además, los Estados deberían velar por que las empresas que se benefician de la asistencia del Estado respeten los derechos humanos y se comprometan a la transparencia y la rendición de cuentas. A esto se suman, las nuevas controversias en materia de propiedad intelectual sobre las patentes, que podrían también obstaculizar el desarrollo y la producción de las vacunas así como su disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad a nivel nacional e internacional. Las empresas farmacéuticas tienen responsabilidades en lo que respecta a la realización del derecho a la salud, en particular en relación con el acceso a los medicamentos, incluidas las vacunas.

La carrera por la vacuna COVID-19 debe ser, sobre todo, una carrera para evitar más muertes y proteger a la humanidad, sin discriminación por ningún motivo y sin tener en cuenta el origen nacional. Esta carrera, que sirve de luz de esperanza en tiempos sociales y económicos oscuros, debe estar anclada en el carácter esencial de la cooperación y la asistencia internacionales y en la convicción de que compartir los beneficios del progreso científico es un derecho humano tan fundamental como los derechos a la salud y a la vida. El acceso y la disponibilidad de una vacuna no pueden dejarse en manos de las fuerzas tradicionales del mercado, que deben definirse mediante normas de oferta y demanda. No solo tenemos como referencia el pasado donde el egoísmo, el nacionalismo, la discriminación ha hecho mella en nuestra actualidad, sino que además ahora que tenemos un nuevo reto, una nueva oportunidad de hacerlo mejor, estamos poniendo por delante lo que más nos caracteriza como sociedad: el egoísmo.

Una cura para el virus, significa una vacuna para el egoísmo, necesitamos para que se dé prioridad al acceso mundial sin condiciones y se garantice que el progreso científico beneficie a todos, no solo por justicia, sino que nadie está a salvo hasta que todos estemos a salvo.

Fuente: https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=26484&LangID=E

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