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La aplicación del acuerdo marco de paz, seguridad y cooperación para la República Democrática del Congo

Por Delphin Nkano

 

El informe (S/2020/951) que se examina tiene por objeto hacer un balance de la aplicación del Acuerdo Marco de Paz, Seguridad y Cooperación para la República Democrática del Congo y la región. Este acuerdo tiene como objetivo poner fin a los conflictos recurrentes en el este de la RDC, conflictos en los que «actos de violencia sexual y graves violaciones de los derechos humanos se utilizan de forma habitual y casi diaria como armas de guerra». Las partes signatarias se comprometen según el acuerdo en no influir negativamente al éxito del acuerdo y asegurar/apoyar su cumplimiento.

Este informe del Secretario General de la ONU enumera los desarrollos que tienen un impacto en el respeto de los derechos humanos, muestra la situación concreta de los derechos humanos y destaca los esfuerzos de los Estados y las organizaciones no gubernamentales en el sector.

A lo largo del informe, el Secretario General continúa presentando y volviendo a la erupción de la pandemia Covid 19 como un factor agravante y potencialmente ralentizando los esfuerzos por la paz. Reconoce que la situación no es pacífica porque los grupos armados aún están activos, las violaciones de derechos humanos aún no han cesado y las tensiones en ocasiones han aumentado entre los estados. Sin embargo, subraya la fuerte voluntad de los socios de encontrar soluciones a través del diálogo, desafiando las restricciones impuestas una vez más por covid 19.

El informe refleja una falta de voluntad política o, simplemente, no quiere nombrar o aludir a ciertos poderes que moverían los hilos. Si todo dependía únicamente de los Estados signatarios, ¿por qué es tan difícil, cuando están de acuerdo, poner fin a los conflictos? No podemos hacer la paz sin todos los protagonistas, visibles o invisibles. Debe señalar el incumplimiento de los compromisos y la hipocresía de los socios y la presencia de fuerzas ocultas que complican el retorno a la paz, la seguridad y el respeto de los derechos humanos.

Hay una nota de optimismo en este informe que debe tomarse con mucha cautela. A los desarrollos positivos en los niveles administrativo y estructural, se puede contrastar la experiencia de la población local. Entre los dos polos hay una dicotomía. Cada vez hay más reuniones y encuentros oficiales, pero la gente está siendo masacrada y su dignidad sigue siendo violada. A este ritmo, se necesitarán siglos para que se resuelvan los conflictos en materia de derechos humanos. Por lo tanto, deben considerarse otros enfoques.

  1. Se trata de vigilar el embargo de armas y sancionar a los responsables de su violación;
  2. Crear un tribunal ad hoc tan demandado para juzgar a los planificadores y responsables de las masacres como fue el caso de la vecina Ruanda;
  3. Hacer cumplir el procedimiento para la certificación de minerales de la región;
  4. Prever la modificación del mandato de Monusco.

Todo ello presupone una sinceridad y una voluntad política de las que faltan en gran medida.

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